BIZCOCHITOS DE LIMÓN [La gata y las magdalenas]

    

Voy a hacer una confesión sucia: A veces, compro magdalenas.

Sí. Todos sabemos que la bollería industrial es satán, que tiene aceite de palma, que es infame… ya. Yo también lo sé. Pero cerca de mi casa está el lugar con las más-mejores magdalenas del mundo, o al menos, del barrio. El lugar en cuestión es un horno de repostería donde sólo hacen magdalenas, sobaos y tartas de manzana. Nada más, aparte de roscón en Navidad. Las hacen naturales, o con pepitas de chocolate, no hay más variedades tampoco. Y triunfan como la cocacola.

Las magdalenas en cuestión son ultraesponjosas, megaligeras, y básicamente esto se debe a que tienen una cantidad abominable de grasa hidrogenada, que hace que sean una bola de mantequilla con aspecto de bollo y las puedas coger con las manos sin que te chorree la grasa hasta los codos. Y eso, justamente, es lo que hace que estén tan buenas. Tienen además un contenido de azúcar que haría temblar a cualquier persona sensata y son tan baratas que sólo puedo pensar que la grasa que tienen no es mantequilla… o al menos no lo es del todo. Vamos, que son redondas.

Están impresionantes, claro. Son puro placer gustativo, para qué nos vamos a engañar. Y al vikingo le vuelven loco. Y yo, alguna vez, compro una bolsa. Porque ya le tengo el resto del año comiendo cupcakes integrales de zanahoria y coco, muffins integrales de avena, o muffins de avena y plátano. En concreto, me gusta comprar una bolsa para el cumpleaños del vikingo, porque yo sé que aunque nunca me lo va a decir, él sueña con una magdalena de estas cuando mordisquea los panes integrales que tomamos en el desayuno.

Bien. Llega el cumpleaños, y yo voy y me hago con una bolsa de grasa solidificada con forma de magdalena. Llego a casa y como quiero darle una sorpresa decido esconderlas, y el mejor sitio es en una silla que no usamos, bajo una chaqueta que he dejado como al descuido y junto al bolso, para que en la visión bolso-chaqueta, el bulto de la bolsita pasara desapercibido. Que pasó. Toda la noche estuvo la bolsa ahí con mi chaqueta encima sin que nadie se percatara de ella…

Hasta que la mañana siguiente, me dispongo yo toda feliz cual perdiz a plantar una velita encima de una magdalena, llego yo con mi vela en una mano, el mechero en la otra, y me encuentro con la bolsa de magdalenas… bajo el trasero de mi gata, que esa noche había decidido que la silla estaba lo bastante mullida como para dormir encima. Sí. Ni siquiera pude reconstruir una para que soplara la velita. Y eso que fundí chocolate para intentar rehacer un copete de magdalena con las migas, pero que va… aquello era el Sarajevo de las magdalenas, no tenía solución alguna.

La velita, la tuvo que soplar sobre media magdalena chuchurría y deconstruida, que fue todo lo que conseguí rescatar. Y aunque hechas migas también están buenas, hay que decir que ya no fue lo mismo.

Yo creo que en el próximo cumpleaños aunque me vea hornear la velita la vamos a poner sobre algo casero. Que no es la misma obscenidad nutricional, pero va a estar rico. Yo voy probando cositas ricas con azúcar de verdad y mantequilla de verdad y esas cosas, y con harina blanca y hasta con glaseado, que un día es un día. Y lo último que he probado han sido estos bizcochitos de limón que le he visto a Juanan de Cuuking. Este chico me lleva por el mal camino. Los he horneado en moldecitos pequeños de bombón, para hacerlos de bocado, y me han parecido geniales. Han subido mucho [he sido muy cauta con la masa que he puesto en cada molde, quería dulces de bocado] y son esponjosísimos.

¿Os apetecen?

 

BIZCOCHITOS DE LIMÓN

CAL 387,6 · HC 65,9 · PR 6,1 · GR 11,9 [100 G]

INGREDIENTES
Azúcar, 180 g
Mantequilla*, 60 g [temperatura ambiente]
Ralladura y zumo de un limón [por separado]
Huevos, 3 medianos
Nata de avena, 40 g [en la original, nata normal]
Harina, 170 g
Levadura, 1½ cucharaditas [unos 9-10 g]
*La mantequilla tiene una cantidad residual de lactosa, y casi todos los intolerantes la podemos tomar. Si no es tu caso, existen mantequillas especiales en el mercado
 
Glaseado
Azúcar glas, 100 g

Zumo de un limón

***Receta explicada en modo tradicional y para Thermomix***

MODUS OPERANDI: TRADICIONAL

Antes de empezar con la receta, conviene precalentar el horno a 200 ºC para que esté listo cuando lo necesitemos.

En un bol mezclamos el azúcar, la mantequilla a punto pomada y la piel de limón rallada finita. Lo batimos hasta que se integre y vamos añadiendo los huevos de uno en uno: no añadimos el siguiente hasta que se haya integrado el anterior. Sobre esta mezcla, añadimos primero la nata, integramos, y después el zumo de limón. Reservamos.

En otro bol tamizamos la harina con la levadura. Una vez tamizada la añadimos poco a poco al primer bol, que tiene los ingredientes líquidos, mezclando hasta tener una masa homogénea.

Los pasamos a los moldes y horneamos a 180 ºC [cuidado, tienes que bajar el horno] hasta que estén hechos. Esto va a depender del tamaño del molde, así que como orientación: moldes mini de bombón como los míos: 12 minutos / moldes de cupcake: 20-25 minutos / molde grande de plum cake: 40-45 minutos. En todos los casos hay que comprobar cuando están cocidos pinchando con una brocheta o algo similar y viendo que no haya masa cruda en el interior. Es muy importante que no te pases de cocción, se podrían quedar secos.

Mientras se hornean, preparamos el glaseado. Sólo hay que mezclar el azúcar glas con el zumo de limón hasta que no tengamos grumos. Una vez los bizcochitos estén horneados y fríos, los glaseamos y esperamos a que la glasa se seque, entre una y dos horas, según la consistencia que tenga.

MODUS OPERANDI: THERMOMIX

Antes de empezar con la receta, conviene precalentar el horno a 200 ºC para que esté listo cuando lo necesitemos.

NOTA: Toda la receta se hace sin temperatura.

Antes de hacer nada, ponemos en el vaso el azúcar del glaseado y lo pulverizamos a velocidad turbo 30 segundos. Reservamos.

Sin lavar el vaso, metemos la harina con la levadura y ponemos unos segundos a velocidad turbo. Reservamos en un bol. Esto equivaldrá al tamizado. No es lo más ortodoxo del mundo pero a mí me funciona, aunque para cosas muy muy delicadas sigo tamizando a mano.

Sin lavar el vaso nuevamente, ponemos el azúcar y la piel de limón, cerramos y lo pulverizamos a velocidad turbo unos 15-20 segundos. A mí me gusta hacer esto con toda la repostería, me parece que queda mejor con azúcar glas. Ponemos la mariposa en las cuchillas y añadimos la mantequilla. Programamos 1 minuto a velocidad 3. Comprobamos que la mezcla es cremosa, si necesita más tiempo lo ponemos.

Vamos con los huevos. Ponemos la Thermo a velocidad 3 sin tiempo, y vamos añadiendo los huevos uno a uno por el bocal, esperando que se integre uno antes de añadir otro. Yo normalmente los abro en un cuenco, para evitar que caigan trozos de cáscara, y los rompo un poco antes de añadirlos. Cuando el último se haya incorporado, añadimos la nata primero, y el zumo después.

Añadimos por último la harina, en dos o tres veces y bajando un poco la velocidad, a 1½-2.

Pasamos la masa a los moldes y horneamos a 180 ºC [cuidado, tienes que bajar el horno] hasta que estén hechos. Esto va a depender del tamaño del molde, así que como orientación: moldes mini de bombón como los míos: 12 minutos / moldes de cupcake: 20-25 minutos / molde grande de plum cake: 40-45 minutos. En todos los casos hay que comprobar cuando están cocidos pinchando con una brocheta o algo similar y viendo que no haya masa cruda en el interior. Es muy importante que no te pases de cocción, se podrían quedar secos.

Mientras se hornean, preparamos el glaseado. Sólo hay que mezclar el azúcar glas con el zumo de limón hasta que no tengamos grumos. Una vez los bizcochitos estén horneados y fríos, los glaseamos y esperamos a que la glasa se seque, entre una y dos horas, según la consistencia que tenga.

9 Comments

  1. Pues yo me quedo con estos bizcochitos caseros la verdad, el buen sabor de la bollería industrial o de “tahona” que no lo es, la mayor parte de las veces es por las “mierdas” que les ponen para que enganchen y vuelvas a comprar, es el truco del almendruco.

    Al hablar de la gata lo primero que he pensado es que había abierto la bolsa y había destrozado y desperdigado las magdalenas, ya en formato migas, por toda la casa jajaja… al final el desastre fue menor jajaja…

    Besos
    Nieves

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  2. ¡Ay esa gata que decidió dormir en el peor de los lugares posibles!

    Creo que todos, en una u otra ocasión, acabamos cayendo en la tentación de la bollería industrial. ¿A quién no le ha tentado el olorcillo que desprenden los croissants y napolitanas congeladas que tienen en muchas pastelerías al sacarlos del horno? ¿Quién no ha caído en las garras de una palmera de chocolate o un bizcocho plastificado (llámalo Phoskitos, Tigretón o Bollycao? Lo peor es que los malos remordimientos duran bastante más que el sabor que dos deja en la boca pero bastante menos que las grasas que se nos acumulan en nuestras zonas conflictivas.

    Míralo por el lado bueno. El año que viene será mejor, o en todo caso no dejarás las magdalenas en la silla ja jaja

    Estos bizcochitos de limón a mí me llaman más, tienen tan buena pinta que no dejaría ninguno para que la gata se acostara encima del plato por muy mullidos que sean.

    ¡Besos mil!

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  3. ChupChupChup Silvia

    Yo igual eh, también compra alguna vez, aun a sabiendas de que no son como las caseras ni de lejos, pero de vez en cuando si. Prefiero tus bizcochitos de limón :) y que pilla la gata jaja

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  4. Ana me encanta el aspecto de esos bizcochitos, pero antes… si hay que confesar, yo también soy culpable. No con las magdalenas, que desde que le copie a Inma (de entre 3 fogones) su receta de magdalenas de Murano no hago otras en casa, si peco con las palmeritas de chocolate. En concreto unas super pequeñas que mi padre compra en una panificadora en cajas de 30 unidades para el bar. Son pequeñas, con un chocolate negro super sabroso y muy, muy crujientes. Aguantan en casa más de una semana, incluso en la nevera y siguen igual que el primer día! Yo no logró eso con mi hojaldre casero pero ya sabemos el motivo, sus componentes industriales y de dudosa calidad nutricional. Así que tras mi confesión déjame decirte que tu gato encontró un lugar perfecto para dormir, y menos mal que no intentó abrirlo y comerse las magdalenas, pues el desastre habría sido mucho peor; a mis gatos les encanta el pan y me han hecho cosas parecidas con panes recién horneados. Y si este cúmulo de desastres nos lleva hasta esos bizcochitos que se ven ligeros y super esponjosos, entonces bienvenidos sean!!! Porque se ven super apetecibles y el glaseado tan sencillo y fresco… Yo también te copio la receta. Besitos!!

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  5. Natalia Cortes

    Ana con tu introducción me has recordado cuando llegué a Brasil y no sabía nada de horno ni de bizcochos, que no tenía idea de cómo prender un horno…, al primer lugar que llegué fue a Florianópolis la isla de la magia como le llaman, un paraíso estupendo. Pues allí, entre las vecinas de los apartamentos, fue que se despertó la espinita por aprender de repostería o por lo menos el bichito de hornear alguna cosa dulce. Las primeras cosas que probé en panaderías de acá fueron los pasteles de limón, que son una delicia, que cada bocado eso sí, al cogerlo con las manos te brillan los dedos de lo lindo y con ralladura de limón (que acá el limón es la lima), entre leche condensada era la tapa de lo que tu dirías satán, jajajajja. Pues nada, creo que siempre es bueno tener de todo y darnos gustos, estos bizcochitos están de lujo, así que me llevo unos. Por acá no son muy famosas las magdalenas ni los bollitos individuales, acá lo que se vende a diestra y siniestra es bizcochos rectangulares, imagino que los realizan en grandes placas que cortan y empacan entre moldes rectangulares, Me has provocado de algo limonudo. Un beso a la gata ;)

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