PASTA AL CABRALES [Ese agradable olor… a pies]

   

No sé si has tenido alguna vez ocasión de visitar Asturias. Yo fui por última vez hace años para asistir a una boda. Ya sabéis, la gente se casa, te invita y te pegas un finde de celebración y desparrame en el quinto pino a cuenta del evento.

Bien. Pasado el  vivanlosnovios-máscerveza-tododavueltas y superado el momento bonito en general, al día siguiente de la boda me fui a hacer turismo y a aprovechar los dos días extra que tenía para pasar en Asturias, que era puente y me arreglé ahí unas minivacaciones.

Como toda guiri que se precie, me puse hasta el culín de sidra, de pastelitos con manzana y nueces, y de queso. Que una no va a Asturias sólo a ver prados [que también]. Y me volví con las alforjas llenas de sidra, de varios quesos asturianos [La Peral, afuega’l pitu, gamoneu, Oscos, Vidiago… y por supuesto un Cabrales]. Sí. Lo mío es vicio del chungo. Ya. Y no pienso hacer nada al respecto.

Total, que además traje pan. Hogaza de esa rica que hundes las manos en la miga y notas como la miga esponja y vuelve a su posición. De esa. Y a mitad de viaje, que son unas cuantas horas, hicimos una paradita técnica. Y como llevaba los quesos, la sidra y el pan en una bolsa en el maletero… pues… lo abrimos y decidimos ponernos un aperitivito. Que ya echábamos de menos Asturias.

Cogi el primer queso que me vino a la mano, y lo abrí.

Voy a hacer un inciso aquí. Supongo que si alguna vez habéis comprado Cabrales, habréis notado que va envuelto invariablemente en varias capas de papel film, superpuestas al papel que envuelve el queso, y que por lo general todo ello va envuelto en una última bolsa de plástico grueso que va al vacío. Y todo esto, no es por hacer la puñeta al medio ambiente. Es porque el queso de Cabrales, huele a queso de Cabrales.

Bien. Fin del inciso. El queso que me vino a la mano fue el Cabrales. Y yo que tenía una navajita suiza, agarré las tijeritas y me puse a desenvolver aquello una capa tras otra. En el coche, claro. Corté un poco de pan, unté el queso, abrí la sidra para acompañar… y lo recogí todo de nuevo.

Al cabo de… diez o quince minutos, decidimos abrir el coche para que la pestuza a Cabrales fuera saliendo. Era agosto, y aquello ni con el aire a todo trapo se podía aguantar. Media hora más tarde tiramos la toalla, bah, no pasa nada, el queso huele, igual ha sido mala idea abrir justo el Cabrales. Llegamos a Madrid. En el momento de aparcar, nuestro sentido del olfato estaba tan saturado que nos parecía que en verdad no olía tanto. Fue al día siguiente cuando nos dimos el bofetón de realidad.

El coche… no es que oliera. El coche apestaba a queso. Tras ventilarlo todo lo que humanamente se puede ventilar un coche en agosto, nos fuimos a pasar el fin de semana a un pueblo perdido de la montaña y dejamos dos días con sus dos noches el coche abierto de par en par en lo alto de un prado. Dejó de apestar intensamente a queso, pero entonces empezó a oler fuertemente a pies.

Pasaron las semanas, y aunque la cosa mejoraba, un cierto tufillo a pies se apoderó de la tapicería del coche, que limpiamos tres veces con espuma seca. Gastamos toneladas de colonia para bebés vaporizada por los asientos, compramos ambientador para coches de un olor similar, y nada. Cada vez que alguien subía al coche había que iniciar de nuevo las explicaciones no, no es olor a pies… no, verás, es que resulta que nos fuimos de boda a Asturias, ¿sabes? … y aguantar la sorna y las risitas y los comentarios que nos reconocían como guiris pardillos.

Al tiempo que pasaban las semanas, el arsenal ingente de quesos que habíamos traído de Asturias fue desapareciendo, hasta quedar apenas tres o cuatro trocitos ridículos de quesos varios que empezaban a secarse. Y cuando un queso se seca, hay varias cosas que se pueden hacer con él: galletas de queso, queso rallado, o salsa. Y esta es la receta que he elegido traeros para el #reciclandosabores de mi amiga Rossgastronómica. El queso es un trocito que quedó reseco en la nevera, porque había comprado Cabrales para unos aperitivos, Roncal para comer en tacos y un queso ahumado para hacer galletas, y se habían ido quedando los restos por la nevera, que aunque me gusta mucho, no me da tiempo a comerlo todo. Era muy poco así que lo usé en hacer una salsa para pasta, que con poca cantidad se apaña una salsa muy rica, y aunque sí sabe y mucho a Cabrales, no llega a saturar. La salsa se puede hacer con cualquier queso, ajustando la cantidad, claro. 

PASTA CON SALSA DE CABRALES

CAL 486,3 · HC 56,3 · PR 15,4 · GR 22,5 [POR RACIÓN]

INGREDIENTES
[2 PERSONAS]
 
Pasta, 150 g [he usado spaghetti integrales]
Sal
 
Para la salsa
Aceite, 1 cucharada
Cebolla, 50 g
Queso de Cabrales, 30-50 g [ajustar según gusto]
Nata, 200 g

Nueces, 50 g

MODUS OPERANDI

Esto en verdad tiene muy poca ciencia. No vas a necesitar ni imprimirte la receta si la quieres hacer.

Lo primero que tenemos que hacer es poner a calentar agua para la pasta, y cuando empiece a hervir, ponerle sal y cocerla el tiempo indicado en las instrucciones. Lo hacemos en paralelo a la salsa. Cuando esté cocida, la escurrimos, colocamos el escurridor sobre la olla donde se ha cocido y ponemos una tapa. Esto evitará que se enfríe si aún no hemos terminado la salsa.

Para la salsa, picamos la cebolla muy menuda, lo más que podamos. En una sartén ponemos una cucharada de aceite y pochamos la cebolla a fuego medio-bajo hasta que esté blandita y empiece a transparentar. En ese momento incorporamos a la sartén el queso de cabrales y esperamos a que empiece a fundir. Y añadimos la nata. Lo dejamos a fuego medio-bajo unos 10 minutos, para que se cueza. A falta de dos o tres minutos para terminar la salsa, añadimos las nueces picadas, un poco de pimienta negra molida y mezclamos todo. Probamos, y si necesita sal, le ponemos y lo dejamos un minuto más. No le ponemos sal antes porque el queso es muy salado, mejor ajustar en el último momento. 

Servimos la salsa sobre la pasta, y acabamos con un poco más de pimienta molida. La pimienta no es sólo para decorar, acompaña bien a todas las salsas de nata.

NOTA. Si haces esta salsa con cualquier otro queso, ajusta la cantidad en función del sabor que tenga. Para un queso suave como un gouda o un emmental, necesitarás como mínimo la mitad de queso que de nata [para 200 g de nata, 100 g de queso], o incluso un poco más. Para un gorgonzola o un roquefort, puedes probar entre 50-70 gramos. Es cuestión de probar y ajustar.

12 Comments

  1. Madre mía vaya lio cón él Cabrales, sí que huele muy fuerte yo lo guardo en un táper y así no huele toda la nevera.
    Para la salsa con un trocito basta y esa pasta estaria muy ricas.
    Van dos recetas con productos asturianos, biennnnnnn
    Besos desde Asturias.

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  2. La receta sencilla, tanto como sabrosa. Yo siempre me pregunto cómo no usamos más el cabrales en lugar del queso azul, me parece mucho más aromático (por supuesto) y sabroso. Lo del olor pegado a la tapicería, me suena. Bss y feliz semana.

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  3. Jjajajaa vaya lio con el cabrales me imagino el olor del coche lo que no me imaginaba es que fuera tan malo de quitar ,a mi me rechifla pero a mi costillo no le gusta nada el olor asi que me tengo que conformar con comerlo cuando me voy Asturias a casa de mis tios .
    Pintaza tiene ese plato de pasta ademas de estar de rexupete ,te ha quedado de relujo.
    Bicos mil wapa.

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  4. Es tan bueno pero a la vez si se escapa el olor ya no lo pillas mas. jaja Una combinacion que si gusta el queso cabrales esta muy buena (a ni me gusta el queso)
    Feliz semana

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  5. Ana a todos los que somos asiduos visitantes a la bella Asturias, nos pasado más o menos lo mismo con el cabrales. Los años y la experiencia te enseña que el vacío no rompe hasta llegar a Madrid.

    Una pasta rica, muy astur. Me encanta el cabrales, la sidrina y las fabes en agosto.
    Gracias guapa, un aprovechamiento lleno de aroma.

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  6. ChupChupChup Recetas

    Qué bonito es Asturias, tengo ganas de volver y por supuesto que me traigo un cabrales, o dos… a mi lo que huele a pies me va, quesos venid a mi :) La pasta tiene que estar buenísima :)

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  7. ¡Qué rico! a mi, que no me va el Cabrales, en una salsa suave me parece una maravilla. Lo más típico es comerla con carne o con patatas fritas pero para la pasta me parece una idea buenísima.

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  8. pues si el olor del cabrales gusta pero cuando ya se pega a todo te acuerdas de hasta el que ordeñó la vaca la cabra o la oveja jajajja sabes que el bicarbonato sódico es un absorbe olores perfecto…. mucho mejor que ambientadores y colonia de bebe jejejej Me encanta la salsita, y es una de las que acompañan los ñoquis en casa, buen y perfecto reciclaje, feliz viernes!!!! bss

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  9. Ja ja, a mí me pasó una anécdota con el Camembert. Era la última noche en París y teníamos reserva en un restaurante Le Procope, el más viejo de París. Un restaurante un poco añejo pero muy elegante. Antes de acudir hicimos las últimas compras, queso, queso y más queso. Nosotros no lo abrimos, pero lo teníamos a los pies de la mesa y no te quiero contar como nos miraba cada uno que pasaba por nuestro lado, incluyendo a los sucesivos camareros que yo creo que se turnaban para no pasar mucho por nuestro lado, ja ja.

    Me encanta el cabrales y seguro que la pasta estaba buenísima.

    Bss

    Elena

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