GALETTE DE CIRUELAS ROJAS [Tenía que ser francesa]

CAL 214,4 · HC 29,7 · PR 4,2 · GR 8,5 [100 G]

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Galette.

Algo que suena sensual tiene que ser sensual.  Y francés.

No en vano lleva su nombre Le moulin de La Galette, ese romántico salón de baile parisino al que dedicaron cuadros Renoir, Picasso y Toulouse-Lautrec.

Aunque lo del romanticismo es cuestión de perspectiva. Que más que en un ambiente bucólico de amor cortés, aquellos jovenzuelos del XIX se movían en un ambientazo de copichuelas, sexo ocasional y a las seis de la mañana me veo yo a nuestros admirados pintores borrachos como cubas piropeando a la camarera. Como ahora, vamos. Pero en traje chaqueta, que es como más cortés.

Pero a lo que íbamos. Yo escucho galette y pienso en belleza decadente, en París, en Renoir pintando damiselas borrachas como cubas en un café de moda, y en chupitos de absenta rodando por el suelo.

Pienso que la galette, con ese nombre que hay que poner morritos para decirlo [por eso de afinar la para que suene francesa] debe ser una comida monina, sofisticada, delicada y debe comerse sin ensuciar. 

Algo bonito y delicado tiene que tener un nombre adecuadamente monino. Igual que les pasa a los petit-fours, a la mousse de capuccino o a los éclairs. Cosas moninas, nombres moninos.

Y para eso, hay que irse necesariamente a Francia. Porque si pensamos en la gastronomía nacional nos damos de bruces con nuestro brutismo gastronómico, que aquí somos más de azada que de boina calada. Aquí los platos típicos son el atascaburras, el botillo, el gazpacho, la fabada asturiana, la tortillapatata, el cocido montañés, los michirones o el cochifrito.

Y estaremos de acuerdo en que sí uno escucha atascaburras, no se imagina suaves capas de merengue rosa coronadas por delicadas mariposas.

La gastronomía patria suena mucho más marichoni que es una cosa muy poco delicada y bastante más práctica para la vida. Aquí somos más de arroz con leche y de natillas, de glamour de feria cultural de villaconejos del campo con las tortillas y las tartas de galletas, de alimentar muchas bocas con poca despensa, que nuestras abuelas pasaron una guerra.

Pero en Francia… ah es que allí hablan francés. Y claro, salen ganando. Que las palabras son tan sensuales que uno escucha budin noir y le suena sexy, aunque sea morcillaca de Burgos.

Para disfrutar plenamente de una galette, uno debe irse a la terraza de un café parisino y dejar que le soplen por un café lo que habitualmente en su pueblo pagaría por las cañas y un bocata de lomo con pimientos. Y disfrutar de esa sencilla elaboración, originalmente mucho más mantequillosa que mi versión integralizada, llena de fruta sexy y brillante, en un platito de florecillas.

Pero como a París no podemos ir todos los días a comernos una galette, pues nada, la disfrutamos aquí, y además, con bonus track: masa integral y baja en grasas. El nomasplus.

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INGREDIENTES
 
La masa
Mantequilla, 50 g
Azúcar moreno, 35 g
Puré de manzana*, 80 g [puedes sustituirlo por queso crema]
Harina integral, 120 g
Harina de trigo sarraceno, 50 g [puedes usar harina integral en su lugar]
Pasta de vainilla
Yema de un huevo
Agua muy fría, una o dos cucharadas soperas [ten a mano un vaso de agua con hielo]
Una pizca de sal
 
El puré de manzana
Manzana golden, 1
Azúcar, 2 cucharadas
Clavo de olor, uno
 
El relleno
Ciruelas, 500 g [aproximado, mejor tener 750 por si necesitamos más]
Almendras molidas, 30 g [pueden ser avellanas]
Azúcar moreno, 2-3 cucharadas
 

MODUS OPERANDI

El puré de manzana

Si vamos a usarlo solo para esta receta, lo haremos al microondas: rápido e indoloro. Si queremos aprovechar para hacer más y rellenar un bizcocho, por ejemplo, es mejor hacerlo al fuego. La diferencia se nota, pero en la masa pasa desapercibida.

Con un rallador de agujeros grandes, rallamos la manzana. Podemos picarla a cuchillo. La metemos en un cuenco con el azúcar y el clavo y al microondas, tapado con papel film, 5 minutos a máxima potencia. Si necesita un poco más, se lo damos, seamos complacientes con la manzana. Cuando termine y esté blandita, terminamos de espachurrar el puré con un tenedor.

Si nos ponemos puristas y queremos un buen puré de manzana, lo ponemos todo en un cazo y lo dejamos fuego medio unos 20-25 minutos, removiendo para que no se nos pegue. Si somos tiquismiquis, un poco de zumo de limón hará que no oscurezca, aunque a mí me parece que el puré oscurito tiene más encanto.

 

La masa

Cogemos la mantequilla fría, y la cortamos en daditos. La ponemos en un bol con el azúcar y la mezclamos bien con unas varillas, mejor si son eléctricas. No esperamos a que sea cremoso, con que se mezcle de momento nos vale.

Añadimos a esta mezcla el puré de manzana y batimos un poco más, añadimos la yema y la vainilla, y seguimos mezclando hasta que esté unido, no hay que batir en exceso. 

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A esta crema le añadimos la harina tamizada y la sal. Lo mezclamos todo hasta tener una mezcla con la consistencia de arena húmeda, como en grumos. Añadimos una cucharada de agua fría y amasamos sólo lo necesario para tener una bola de masa lisa. Si falta agua, añadimos una poca más. No hay que amasar de más, recuérdalo. 

Envolvemos la masa en film y lo metemos en la nevera como mínimo 30 minutos para que repose.

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La galette

Como tenemos media hora por delante, nos ponemos ahora con la fruta.  Lavamos y deshuesamos las ciruelas, y las cortamos en medias lunas. 

Precalentamos el horno a 250ºC.

Con la masa ya reposada, enharinamos la encimera, la colocamos encima y la estiramos con el rodillo. Hay que intentar que quede redonda, pero sin pasarnos. No es necesario cortarla y dejar unos bordes perfectos, el encanto de la galette es la forma irregular y tosca que tiene.

En el centro de la masa, dejando un par de dedos hasta el borde, esparcimos los frutos secos triturados. Importante: absorben el exceso de líquidos de la fruta, no los quites. Si no puedes tomarlos o no te apetece, usa copos de avena con generosidad.

Colocamos la fruta encima, de la forma que más nos guste, y sólo si nos parece necesario, espolvoreamos azúcar por encima. Yo no lo hice, pero mi galette no era apta para paladares delicados, era una bomba deliciosamente ácida.

Sólo nos queda doblar los bordes de la masa sobre la galette y hornearla. Bajamos el horno a 180º, tardará entre 20 y 25 minutos.

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NOTAS,CONSEJOS, Y MÁS COSAS

  • Una galette es un postre de fruta: cualquier fruta. Puedes usar melocotones, manzanas, cerezas, higos… incluso puedes usar ciruelas. Y puedes poner varias frutas juntas, no hay normas. Si pones peras y manzanas, ten cuidado que uno nunca sabe qué puede salir de aquí.
  • No es necesario cortar medias lunas de nada, puedes poner la fruta troceada como más te guste, o cortada de manera irregular. Será encantador y rústico.
  • Acompaña la galette con creme fraiche, clotted cream, yogur o crema inglesa. También con helado de vainilla o con chocolate caliente. No olvides confesar tus pecados si haces esto último.

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18 thoughts on “GALETTE DE CIRUELAS ROJAS [Tenía que ser francesa]”

  1. Oh-là-là, la Galette! Estupenda historia y receta, como de costumbre. Una sonrisa y una tarta es la mejor de las meriendas, a esta y cualquier hora. Así que poco más puedo decir, de hecho solo me queda añadir que te la copio!

  2. Los nombres brutos que tienen la mayoría de nuestros platos típicos me encantan, aunque muy finos no son, no xD. En Murcia sabemos mucho de eso, además de nuestra versión del atascaburras y esos michirones los demás nombres no invitan a sentirse refinados y coquetos (aguardadentaos, matasuegras, zarangollo, mondongo, caldo con pelotas, gurullos, olla podrida…).
    Lo curioso de la galette es que yo la relaciono con un ambiente rústico, con encanto pero rústico, probablemente porque las mías tienen poco de elegantes y me gusta usar centeno para que quede una masa bien oscura. La tuya es una monada y me encanta la masa, es muy de mi estilo!

    Un abrazo desde Portugal

  3. Uummmmmmmmmm a que hora dices que me pase a cenar , seguro esta de rexupete a mi me encantaria seguro es una pena no poder meter la mano no veas el cacho que me llevaba ,te ha quedado de relujo.
    Bicos mil wapisimaaaa.

  4. Ay Ana, a mí no tienes que convencerme. Soy francófona desde que con 9 años, mi padre me enseñó las primeras palabras en francés.
    Ahora mismo me iba a Paris, pero como no puedo, me llevo tu preciosa, deliciosa y rica galette.
    Besos

  5. Ana, estoy de acuerdo con vos en un ciento por ciento: En francés todo suena más romántico, elegante y glamoroso (así te estén hablando de lo más absurdo o banal del mundo). Cuestiones del idioma, de su musicalidad y del estereotipo que, a sabiendas o no, se nos ha impuesto… Será la luz de París, el encanto de la movida cultural, sus palacios, las recetas y – en alguno casos – la madre de la cocina misma, pero lo francés nos deja embobadas con facilidad (la que esté libre de encantamiento que tire la primera piedra…). En cuanto a tu galette, se la ve estupenda. Muy sabrosa con ese sabor preponderantemente ácido de las ciruelas rojas. Y con helado o crema para acompañarla… ¡Ay, mi madre! Además, me encanta que incluyeras puré de manzana en la masa. En fin, un lujo para disfrutar mientras pensamos en París o nos dejamos envolver por el aroma a lavandas de la Provence.

  6. Vale, ya tengo el trigo sarraceno y estoy de vacaciones, ósea, que el sábado me curro una para desayunar con mi pelirroja que comienza sus vacaciones. Sólo falta el champagne rosé, a poder ser un millesimé brut nature, que todo ello suena mucho mejor que un “espumoso rosado del año”.
    Por cierto, tus intros molan mucho, pero hoy te has salido, aunque he de decir que a mi la galette me suena más a un cafetín de un pueblo en Bretaña. Muy cuco, eso sí.

Habla ahora o calla para siempre...