PAPAS ARRUGAS CON MOJO PICÓN PENINSULAR [Las patatas son muy sufridas]

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En este mundo, si uno es poco agraciado por la genética de lo bonito, la lleva clara.

Dicen las malas lenguas que las patatas fueron traídas a España a mediados del siglo XVI como una curiosidad de los conquistadores, que no tenían ninguna intención de comérselas, porque les parecían feas y poco refinadas.

Lo mismo les pareció más refinado y glamouroso ir por oro y volver con patatas, pero bueno, no voy a discutir ahora el criterio con los conquistadores que menuda leche debían gastar. Se las trajeron como quien trae un recuerdo de las vacaciones, como la típica camiseta de Estuve en Gandía y me acordé de ti que estamparías muy a gusto en la jeta de tu tía Paqui a cada vuelta de verano.

Como resultado natural de la ley de la oferta y la demanda, y de que nadie quería comer ese tubérculo feo y cubierto de terruña, las patatas costaban menos que nada. Y aquí las redescubrieron los frailes sevillanos , que andaban pelaos para dar de comer a los indigentes de su hospital de caridad.

Y las lanzaron al estrellato, nada más que vieron lo que cunden. La de pobres de solemnidad que debieron alimentar con ellas.

Y es que las patatas son sufridas, las pobres. Y muy luchadoras ellas. Se hicieron hueco en nuestra gastronomía a golpe de amas de casa pasando apuros, que hicieron de las patatas cocidas y de puchero toda una religión.

Y es que sirven para todo. Tú mandas a una patata a armar una legión y te vuelve encabezando la línea de negocio de una gran cadena junto a un payaso sonriente [que quiere que seas feliz mientras te atiborras de colesterol]. Dale a esa patata un buen bloque de grasa inmunda solidificada, desodorizada y compactada, y una freidora. Y verás lo que hace. Y peor aún: te gustará.

Le pides a una patata que te haga feliz como una perdiz, y ella se convierte en cosas tan apetitosas como esas patatas panadera rebosantes de deliciosa grasuza, o en un magno guiso trabado y contundente con dos o tres trozos de ternasco de guarnición.

Y si nos ponemos pijos, las patatas te dan en un momentín una tortilla de patatas deconstruida con chirripiflautas de aire de trufa o en un sofisticado hachis parmentier mantequilloso.

Pero conste que todo esto son pijeríos sobrevenidos. Que las patatas nunca han querido levantar imperios ni ir de postín. Lo que les pasa es que las llevan y ellas, que son muy cumplidas, no saben decir que no.

Ellas lo que quieren es currar un par de días, descansar cinco y cobrar como un ministro, más o menos lo que vamos queriendo todos. Son muy humanas ellas, para estas cosas.

Les molan más las bravas de barra de bar o terraceo de playa, los huevos rotos y las patatas fritas de al lado del filete. Son sencillas las muchachas.

Y yo, la verdad es que ni siquiera las encuentro feas. Al revés, me parecen una cosa de lo más cuqui si las miro con buenos ojos [o me las encuentro pringadas de mojo, en su defecto]

Y en lo que a mojo se refiere, tengo que pedir permiso a los canarios para publicar este apaño que me he hecho del mojo, ya que aquí los pimientos picones no los tenemos muy a mano, pero oiga, nada que no arreglen unas ñoras o unos pimientos secos y un puñadito de pimentón picante.

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INGREDIENTES

[4 PERSONAS]

Patatas, 1 kg [lo más menudas y redondas que encuentres]
Sal gruesa

Agua

Para el mojo:
Ajo, 4 dientes medianos
Pimiento choricero seco, 1 [o una ñora grandecita]*
Comino, 1 cucharadita
Pimentón, 1 cucharada [elige el equilibrio entre dulce y picante a tu gusto]**
Aceite, 120-150g
Vinagre,12- 15g

Sal

*Pimiento choricero y ñora no son lo mismo, y además ninguno de ellos es el pimiento picón original de la receta que en la península no es sencillo de encontrar. Pero ambos son sustitutos dignos para una  versión peninsular del mojo. Si tienes guindilla seca, adelante con ella.

**Como no tenemos pimiento picón, se puede añadir un poco de picante con una cayena o mezclando pimentón dulce y picante.

 

MODUS OPERANDI

Lavamos minuciosamente las patatas, porque vamos a consumirlas con piel. Y ponemos en remojo la ñora o el pimiento choricero.

En una olla grande, donde quepan holgadamente, ponemos a cocer las patatas bien cubiertas de agua con un puñado generoso de sal gruesa.

Como son pequeñas, deberían estar cocidas en 20-25 minutos, pero es cuestión de ir pinchando y comprobando como van. Una vez tiernas, continuamos.

Retiramos de la olla casi todo el agua de cocción de las patatas, dejando algo menos de medio dedo de altura de agua. Es importante que las patatas tengan espacio, si hace falta lo hacemos en dos tandas [reserva agua de cocción para la segunda].

Añadimos a este poquito de agua otro puñadito de sal, y ponemos la olla al fuego. El agua se evaporará rápido, y las patatas se quedarán completamente secas. Mientras esto ocurre, cogemos la olla por las asas y la vamos meneando sin parar, de modo que las papas rueden por el fondo mientras el agua se evapora. Una vez estén secas, seguimos meneando la cazuela, ahí es donde empiezan a arrugarse.

Sólo queda hacer el mojo. Para ello, mezclamos todos los ingredientes menos el aceite en un mortero o en un robot de cocina, y lo trituramos. Vamos añadiendo aceite hasta que ligue la mezcla, y sobre el aceite que hayamos necesitado, una décima parte de su peso, lo ponemos en vinagre. Salamos, y a disfrutar.

Si la salsa no queda muy ligada o te gusta más espesa, se puede añadir un poco de pan, pero… yo prefiero no hacerlo aunque quede más suelta.

14 thoughts on “PAPAS ARRUGAS CON MOJO PICÓN PENINSULAR [Las patatas son muy sufridas]”

  1. No hemos hecho nunca mojo, sólo lo probamos cuanto tuvimos la suerte de estar en Canarias. Probaremos este en casa, que seguro que ha salido muy rico :) Y le da la belleza que le falta a las patatas (que a nosotras no nos parecen feas, que conste,jeje). Un beso!!

  2. Holaaaa. Por fin llego. Un himno a las patatas al que me uno. Recuerdo el gran saco de patatas en la cocina de la casa de Dublín donde viví, pero te aseguro que ningún plato de los qué cocinaba aquella Sra era dignamente aceptado por mi pobre estómago.
    Tus papas son dignas representantes de una cocina que no nos es especialmente conocida. Las reinas junto con el mojo.
    Ahora a por el verde.
    Besos guapa.

  3. Sí que son versátiles las patatas, sí…
    A mí me encantan, no lo puedo remediar. De cualquier forma, desde la más sana a la más “pecaminosa”, jajaja.
    Y estas papas arrugás te han quedado de lujo. Llevo tiempo con ganas de hacerlas, a ver si me animo.
    Un besote.

  4. Esos conquistadores que nos trajeron tanto y tan poco sabían de ello, en fin! adoro las patatas, arrugás? también, y con mojo, ya no te cuento, tengo un amigo cocinero que estuvo trabajando años en Canarias y es fantástico ver lo bien que las cocina, me lo has recordado, creo que iré a visitarlo ;)

  5. Es una de las cosas que aun no he echo pero si las he comido en casa de mis cuñados cuando venia el novio de mi sobrina que es Canario se taria las papas de alli pues la de aqui no saben igual y las salsas echas por su madre embasadas al vacio en el avion que cosa mas rica madre.
    Las tuyas se ven divinsimaaaaaaaaaas te han quedado de relujo no dejan de decirme comeme.
    Bicos mil wapa.

  6. Benditas patatas!! No sólo valen para mil cosas sino que pueden arreglar sopas saladas o guisos agarrados (quemados vaya), y suavizan cremas de verduras. Por no hablar de mi querido Rösti (mal llamado tortilla de patatas suiza sin huevo, odio que lo lo llamen así). A mí también me parecen bonitas, cada una diferente y peculiar. Me encantan los mercados que tienen cuatro o cinco tipos diferentes de patatas a la vista, belleza pura.

    Qué pena uqe sea tan difícil conseguir papas canarias en la península, pero podemos apañarnos más o menos con recetas como la tuya :). Buenísimo.

    Un abrazo

  7. Hola Ana! Como buena canaria te voy a perdonar lo de la ñora jajaja. En las papas aquí también se suele poner medio limón en el agua de cocer y se tapan con un paño que toca el agua a la hora de cocinarlas. Pero claro, hay miles de maneras de hacerlas.
    Te doy un 9 por la receta jajaja, te mandaré alguna pimienta para que lo puedas hacer bien jajaja. Un besote!

  8. Ana, creo que esta receta hace honores a los humildes y gentiles albores del consumo de papas (como las nobramos por aquí)/patatas (como las nombran por allí) en Europa… Es que, como vos decís, no son pretenciosas sólo cumplidas, serviciales, dispuestas a ser un plato principal o una guarnición generosa (de esa que hace lucir al ingrediente principal y que lo complementa, lo realza).
    No conocía esta receta, pero bien vale probarla porque las papas/patatas con piel me encantan (y me imagino una versión con papines andinos que debe quedar de rechupete). Además, esa salsita picantona las debe hacer sobresalir como las reinas que son.
    Un beso.

  9. Me encantan las maravillosas patatas de cualquier manera,esta manera la descubrir cuando estuve un año en Tenerife y no me canse de comerlas.Aunque sean peninsulares estas tuyas me gustan si o si.
    Bss

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