EMPERADOR MEDITERRÁNEO [Lucía y el emperador]

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No voy a contaros un cuento sobre inocentes doncellas de la corte, emperadores engreídos, y sastres listillos. Eso, para otra ocasión.

Hoy vengo a hablaros de una antigua compañera de piso [no tan antigua a decir verdad]

Quien haya compartido piso, sabe que la convivencia es un pacto. Compañeros de piso son personas que deciden vivir juntas, sin conocerse de nada, y basan esta convivencia en una serie de acuerdos [baño recogido, limpieza de ollas y sartenes usadas, reparto de las baldas de la nevera, y de las tareas de limpieza, entre otros] que permiten que el orden mundial continúe inalterado y una no acabe lanzando a sus compañeros de piso por la ventana, con todo el alboroto que esto supone.

Lucía, es una niña muy trabajadora en lo suyo, muy maja, y la convivencia con ella es cordial. Cada una tenemos lo nuestro, como es lógico, pero nos llevamos bien… bueno, nos llevábamos mucho mejor hasta que el emperador apareció en nuestras vidas.

Una de las aficiones que Lucía y yo nunca hemos compartido, es el gusto por la cocina. Ella odia cocinar, hasta el punto de que aliñar una ensalada le supone un trabajo pesadísimo. En todo el tiempo que vivió conmigo [un año casi] vi desfilar por su zona de la nevera todo tipo de precocinados para microondas, y embutidos de toda clase, y por su estante del armario miles de cajas de galletas, chocolates y bombones, amén de los pollos con patatas que se subía del asador.

Pero un día, vino una visita. Un tío de Lucía, al que tiene un gran aprecio. Y ese día, decidió cocinar. Y dije yo: Manolete, si no sabes torear, pa que te metes?

Para cocinar, Lucía comenzó por hacer la compra. Parece obvio, pero para una persona que a duras penas distingue el atún de la merluza, ir a la pescadería no es una tarea sencilla. De modo que cuando volvió con dos bolsas llenas de pescado, empecé a temerme lo peor.

Su tío, que la conoce, prefirió invitarla a cenar, y el pescado se quedó ahí, en la nevera. Un montón de filetes de salmón, y otros tantos de emperador. Dos días después, los pescados envueltos en el papel de pescadería, dentro de su bolsa, seguían en la nevera, y decidió congelarlos. Tal cual. Que hacer paquetes individuales no es trabajo para ella, de hecho creo que ni siquiera pensó en ello.

¿Y dónde veo yo el problema? Hasta aquí, todo va bien.

Empezó a ir mal cuando un día, en un arrebato de responsabilidad, los descongeló. Primero el emperador. Un día en la nevera [para descongelar] y cuando llegó a casa por la noche, pidió comida china a domicilio. El día siguiente comió en el trabajo, y cenó galletas con paté [sí, lo habéis leído bien] y un colacao. Y al día siguiente, arrinconada por el mal olor que desprendía la nevera y que salía hasta la puerta de casa [yo esos días abría la puerta en modo zen para no matarla] lo cocinó: frito. Un kilo de emperador, aceite a cascoporro y mi sartén de las tortillas. [Tranquila, Luci, casi lo he superado…]

Un día más tarde, me lo ofreció, con su mejor sonrisa, el olor a revenío, y rezumando aceite, mientras se comía el primer filete con cara de asquito. Me escaqueé tras enviar al Soñador el siguiente whatsapp “Cenamos fuera. No preguntes y busca un sitio”

Y otro día después, se enfadó porque decliné su invitación a comer emperador [a estas alturas tenía un peligroso aspecto de cadáver de pez amarillento y agrio y empezaba a oler nuevamente] mientras ella comía, de comida central… galletas de mantequilla, merengues y una caja de bombones, uno tras otro y de una sentada.

Dos días más tarde el pescado desapareció de la nevera. De no hacerlo lo hubiera tirado yo personalmente. Sé que se comió al menos parte, si no fue todo. Es la clase de persona que puede sentarse delante de medio kilo de pescado y comer hasta reventar con tal de no tirarlo. Otra cuestión es que hubiera sido mejor hacerlo en varias veces…

La fortuna quiso que el turno de limpieza de esa semana me tocara a mí, y pude vaciar la nevera y limpiarla con lejía de arriba a abajo, incluyendo todos los tarros, botellas y envases que contenía. Por el olor, más que otra cosa, que se había pegado ya. Mejor así.

He tardado un tiempo en superarlo, y en volver a comer emperador en casa. Esta es una de las formas más sabrosas que he conocido de cocinar este pescado, guisado en lugar de a la plancha, y con una salsa increíble en la que hundirás trozos de pan y te pringarás hasta los nudillos.

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INGREDIENTES
[4 PERSONAS]

Emperador, 1 filete de 3 cms de ancho [800 grs]
Patatas, 300 grs [puedes aumentar hasta 500 sin problema]
*Calabacín, 300 grs
*Rábano o rabanitos, 50 grs
Aceite de oliva, 2 cucharadas
Alcaparras, 1 cucharada
Romero, 1 cucharadita
Caldo de verdura + 60 ml de agua
Zumo de medio limón
Pimienta negra
Sal

*Estos dos ingredientes son opcionales, ampliables, sustituibles o lo que tú quieras

MODUS OPERANDI

Lo primero que haremos será preparar los ingredientes:

Patatas: Peladas y cortadas en dados de 2 cm.
Emperador: Limpio de piel y espinas, cortado en dados de 3 cm.
Calabacín y rábano: En láminas [el rábano, muy fino].
Alcaparras: Ligeramente troceadas.

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En una sartén amplia, ponemos a calentar el aceite. Salteamos las patatas unos 10 minutos, hasta que estén doradas pero sin terminar de hacerse por dentro, y las reservamos en un cuenco.

Una vez hayamos retirado las patatas del fuego, añadimos a la sartén el emperador con una pizca de sal y lo salteamos hasta que se sellen todos los dados, unos 2-3 minutos. Lo retiramos al mismo cuenco de las patatas, con todo el líquido que haya podido soltar.

En la misma sartén, salteamos a fuego vivo el calabacín y el rábano hasta que estén dorados, y los retiramos a otro cuenco.

Volvemos a la sartén, y ponemos las patatas y el emperador, añadimos el agua, el caldo, las alcaparras, el zumo de limón, el romero y la pimienta. Sólo usaremos sal si nuestro caldo tiene poca, yo uso un caldo de verdura casero que tiene suficiente sal como para no añadir más.

Tapamos, y lo dejamos cocerse todo a fuego medio unos 8-10 minutos. Lo servimos en una fuente, y salteamos de nuevo el calabacín y el rábano para calentarlos un poco, los añadimos a la fuente, y preparamos mucho pan.

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22 thoughts on “EMPERADOR MEDITERRÁNEO [Lucía y el emperador]”

  1. Yo no sé si podría vivir con compañeros de piso… bueno ,bien pensado si, pues convivo con tres que menudos son, no son compañeros, son adosados de por vida, :))
    Desde luego cuando te encuentras a gente que no ha pisado una cocina en la vida, es desesperante, y lo que estorban los jodios cuando deciden echarte una mano jjajaja.
    Me he anotado tu receta, es super sencilla y baja en calorias, nos viene de perlas
    besitos

  2. Pues es una pena que teniéndote tan cerca no aprenda a hacer las cosas maravillosas que haces. Pero claro poco puedo opinar porque sólo tuve que compartir piso cuando estuve de Erasmus y siempre tenía que controlar la nevera porque la China dejaba allí las cosas para no comérselas nunca, así que directamente a la basura. Un beso

  3. Jajaja, Ana, me ha encantado la historia! Debo reconocer que en algún momento de mi vida he pasado por una fase parecida a la de tu compañera de piso, pero afortunadamente lo he superado (cosas de hacerse madre, jaja). El emperador no es un pescado que suela comprar, pero la verdad es que considerando que así presentado no tiene espinas y que la pinta que tiene es mortal de necesidad, creo que me lo apunto en la lista de la compra de esta semana, a ver qué tal!
    Muchos besos, guapa!
    Montes

  4. Que cosas te pasan niña!! pero la vida de estudiantes es mas o menos así, te encuentras cion compañeros de todo tipo… A mi me encanta el pescado pero me pareció algo parecido con los calamares fritos… tuvo que pasar mucho tiempo para que volviera a comerlos!!
    Este emperador se ve delicioso!! seguiré tu receta. Bs.
    Julia.

  5. No sé si hay algo peor que el olor del pescado cuando ya está en vías de estropearse. Menuda paciencia tuviste porque yo, que me conozco, lo hubiera tirado sin anestesia y sin miramientos. Si dices que hay que pringarse enterita con la salsa, ahí estoy yo. Besos.

  6. Bueno solo de leerte se me han quitado las ganas de comer emperador y eso que este que has echo tu se ve divinisimoooooooo espero que tu ex compañera de piso no siga comprando asi por que la pobre se va a terminar empachando de pescado o carne tanto me da por no decir otra cosa yo el pescado cuando huele un pocquito ya no lo quiero no es la primera vez que llego a casa abro el paquete de la pescaderia y se lo vuelvo a llevar para que me de otro .
    Como siempre receta y presentacion de 10 points.
    Bicos mil wapa.

  7. Menuda prueba. Me imagino cómo lo pasaste porque me parece que en algunas cosas nos parecemos bastante y era una prueba fuerte. Todo superado y la receta es de lujo. Me encanta y ahora falta un buen pan para mojar y no parar. Tengo mono de hornear pan pero ando muy cansada, así que me parece que la pani va a trabajar por mí unos días.
    Besotes acompañados de las mejores fragancias, las que tú desees.

  8. Cuántas veces me ha pasado algo parecido con el pescado en casa… si es que haces la compra y luego se presentan mil planes… y el pescado ahí quietecito hasta quebdecidas que hacer con él…
    La salsa tiene pinta de gustarme mucho.. tomo nota de la receta!

  9. No me extraña que no quisieras comer emperador en un tiempo, ese olor se te queda en la nariz y parece que cada vez que te lo ponen o te dicen el nombre, vuelve ha aparecer ese olor, jaja, te han pasado muchas cosas.
    Esta receta seguro que huele fenomenal, porque tiene una pinta de cómeme que echa para atrás, se ve delicioso, muy buena receta. Un beso.

  10. Pues no hay que tener cuidado ni ná con los compañeros de piso, jajaja. Yo, por suerte o por desgracia no he compartido piso nada más que con mis parejas (2) y en la nevera mandaba y mando yo, con lo cual, no he tenido ese problema, jaja, no sé qué hubiese hecho con tu compañera porque yo soy de lo más escrupulosa…

    La receta me parece genial, saludable y rica.

    Besos

  11. Me divierto mucho leyendo tus historias que son tan reales como la vida misma, me ha llegado a parecer que era yo quien compartía piso con Lucía ¡como para ponerla a ella a montar un blog de cocina! jajaja.
    De esa experiencia que nos cuentas surgió este espectacular plato de emperador, si no es por este pescado no habríamos sabido de esta receta y tampoco si no es por Lucía. Habrá que agradecérselo Besos Ana Melm.

  12. Me parto con tus historias de compañeros de piso… porque me recuerdan a las mías!! Y es que cuando nunca se ha compartido piso, no se puede llegar a comprender de todo lo que hablas por mucho que lo cuentes. Tuve una compañera que se comía lo que yo había preparado, cuando la suya empezaba a oler, alegando que ella cogía mis cosas, porque a ella no le importaba que yo comiese de lo suyo… Ahora me río, pero en el momento, me acordé de más de uno de su familia… jaja. En fin, en mi caso creo que nunca cocinó emperador, por lo que al no tener malos recuerdos, puedo hacerla muy pronto sin problemas… con ese caldito y las patatas, debe estar de muerte!!!

  13. Eres muy valiente, por convivir con extraños, al menos al principio, y por no meter a la chica en el congelador en lugar del pescado, por favor!!!, y qué manera más mala de comer, entiendo que haya gente que no le guste cocinar, pero hay maneras mejores y más sanas de comer, en fin!
    Mejor preparar el emperador a tu modo, seguro que estaba delicioso, aunque ahora relacionaré este pescado a tu ex inquilina, jajaja
    Un beso

  14. Yo nuna he compartido piso salvo con mi novio, pero sí he conocido de primera mano todas las aventuras y desventuras de mis amigas de la Universidad, y la verdad es que el tema comida puede dar para muuuchas historias. Pero las tuyas son las mejores, menudo trauma con el pescado! Con el asquete que me da a mí el olor a pescado pasado en la nevera, que se mete por todos lados…

    Pero tu receta es genial. Yo descubrí también que el emperador gana mucho cocinado en un guiso o salsa ligera, así que probaré tu receta que tiene buenísima pinta :).

    Un abrazo

  15. Tengo a mi hija en estos momentos en Glasgow compartiendo piso y tras tu relato, la estaba viendo a ella. Continuamente recibo fotos en el`wassaps con la humedad que hay en las baldas de la nevera, o la pila de cacharros que hay en el fregadero, la meseta y la mesa de la cocina. No hay cacharros libres para cocinar y tampoco se puede descansar, porque por las noches el ruido de la habitación contigua es imposible. Una forma de comprender que la convivencia no siempre es fácil.
    El emperador, lo cierto es que lo compro poco porque le encuentro el sabor un poco fuerte, pero con la salsa que has preparado seguro que está buenísimo. Te felicito por ese orden y la afición por la cocina y el buen comer y ¡animo con la convivencia!

    Un besín.

  16. Ja, ja… Divertida historia y muy bien contada! Me gusta el Emperador desde que lo probé en un restaurante precioso de Florencia cocinado de una manera increíble, este tiene pinta de saber a gloria, lo probaré sin duda! Mil besos y paciencia con Lucía!! ja, ja…

Habla ahora o calla para siempre...