GARBANZOS CON KALE DE INSPIRACIÓN MARROQUÍ [Kalefóbicos abstenerse]

Brassica oleracea. Kale. Repollo con aspiraciones.

La verdura de moda. El superalimento de [pen]última generación. La más mejor y más completa de las coles. Con más calcio que la leche de vaca [y sin fastidiar a ninguna vaca para obtenerlo], hierro como para construir vías de tren, y vitamina C a saco. La verdura mística a la que se han atribuido propiedades desde razonables a disparatadas: sí que sirve para prevenir [que no curar] la osteoporosis por su aporte de calcio y su buena absorción, y no, no sirve para estar más delgada [por más kale que comas o dejas los torreznos o el kale no adelgaza].

Esta verdura, [que no es otra cosa que una col, osea, un repollo o berza, aunque vaya de diva con aspiraciones de clase] se ha hecho un hueco entre los gurús de la alimentación sana y ya puedes encontrarla en cualquier frutería un poco pija a precio de raspadura de cuerno de unicornio. Y en los mercados de toda la vida, claro, a precio de verdura de temporada, que ya hemos dicho que el kale es una col. Y más cosas.

Kale es la palabra más temida en las inmediaciones del local donde se reúne el grupo de consumo en el que participamos el vikingo y yo misma. En el grupo de consumo kale no se dice así, en plan k-a-l-e pronunciado corto y sin tonito. Nooooo. Se dice kale acompañado de sonrisa torva, kale mientras uno se da a la fuga abandonando al verde tallo rizado a sus espaldas, en plan a traición sin volver la vista ni nada, o el recurrente quien quiere mi kaaaaaaleeeeeeee dicho esto con una sonrisa de oreja a oreja de esas que enseñan todos los dientes y dos empastes.

Y es que el kale, la verdura de moda, el vegetal de los modernos, la col hipster, tiene más detractores en mi grupo de consumo que la sombra de Monsanto, la pobre. La quieren tan poco que a mí me da un poco hasta de pena, que estoy viendo si existen psicoanalistas que trabajen esto de la kalefobia colectiva a ver que pasa aquí.

Porque los compas, que de normal son seres super majos y sociables, al escuchar las cuatro letras se ponen alerta, empiezan a pasear nerviosos, a reírse por lo bajini, a mirarse unos a otros y a ver qué pueden intercambiar por sus kales – esto cuando no lanzan a traición ramilletes de kale en las cestas vecinas – que de todo hemos visto. Cuando alguien nuevo pide información sobre el grupo de consumo le advierten que a veces hay kale como si fuera una desgracia terrible que no fuimos capaces de evitar.

No la quieren de ninguna manera. Varios de ellos se han aliado en asociación criminal para suplicar al productor que no la ponga en las cestas [que el productor estará flipando con nosotros, no creo que conozca a nadie más a quien no guste esta col simpática y fresca]. No les gusta salteada, no les gusta guisada, no la soportan en tortilla, y cocerla en dos aguas para sacar el amargor no les convence, al horno en chips la encuentran abominable… vamos, que no. Que la kale no hace carrera con nosotros. Puntualizo. Con ellos.

Porque yo sí quiero a la kale. El vikingo y yo estamos encantados de hacer trueque y algunas veces la cambiamos por otro producto de nuestra cesta al que le demos menos salida, y desde luego nos flipa que venga y nos gusta de todas las formas que os podáis imaginar: al horno en chips está increíble, sola con aceite y sal, o con especias cajún; salteada está rica, y en potajes está tremenda. No le vemos pegas. Vale, es amarga, pero eso no es una pega. Las alcachofas son amargas. Los espárragos son amargos. Y la ginebra.

Los americanos la adoran, tanto, que han declarado un día nacional en su nombre, el National Kale Day -En estos instantes una persona de mi grupo de consumo está solicitando al gobierno declarar el 3 de octubre como día de luto oficial-.

Yo ya no estoy por convencer a mis compas de que la kale mola, porque francamente he tirado la toalla. Prefiero comerme sus kales, que me parece más práctico. Y quiero seguir queriendo a mis compas que quitada esa nimiedad de carácter que tienen con la kalefobia, el resto del tiempo son perfectamente capaces de hacerse querer…

GARBANZOS CON KALE

4 RACIONES | CAL 267,2 · HC 39,9 · PR 14,5 · GR 7,4 [POR RACIÓN]

INGREDIENTES

  • Garbanzos, 250 g [peso en seco] o 500-600 g de garbanzos cocidos
  • Mezcla de especias:
    • Cúrcuma, 1 cucharaditas
    • Jengibre, 0,5 cucharadita
    • Pimentón dulce, 1 cucharadita
    • Canela, 0,5 cucharadita
    • Pimienta negra en grano, 0,5 cucharadita
    • Semillas de hinojo, 0,5 cucharadita
    • Semillas de alcaravea, 0,5 cucharadita
  • Aceite, 1 cucharada
  • Cebolla, 2 medianas [unos 200-250 g]
  • Ajo, 2 dientes
  • Tomates secos, 4-5 unidades
  • Kale, un manojo [300 g]
  • Albaricoques deshidratados, 4-5 piezas

MODUS OPERANDI

Para hacer la receta de garbanzos con kale hay que dejar los garbanzos puestos en remojo la noche de antes, o con 8 horas de antelación. Los garbanzos se cuecen en agua con sal y un trocito de alga kombu [opcional]. El tiempo depende de la olla y del tipo de garbanzos, en mi olla exprés han tardado 18 minutos, y son pedrosillanos. En olla convencional tardan alrededor de hora y media a dos horas. Reservamos los garbanzos con su agua.

15 minutos antes de empezar, ponemos los tomates secos a hidratar en un recipiente con agua [si nos hemos olvidado, los podemos ayudar con un minuto de microondas].

Preparamos la mezcla de especias. Ponemos todas en un mortero, y las reducimos a polvo. Reservamos.

En una olla, ponemos a calentar la cucharada de aceite. Picamos la cebolla y el ajo, y los pochamos a fuego medio unos cinco minutos, hasta que empiecen a ablandarse. En ese momento, incorporamos las especias, y seguimos pochando hasta que esté blandito y empiece a estar un poco transparente. Picamos el tomate que habíamos puesto a hidratar, y lo añadimos a la olla. Lo cocinamos todo unos 5 minutos más.

Incorporamos a la olla los garbanzos y el líquido necesario para que queden ligeramente cubiertos. Cocinamos 15-20 minutos para que los sabores se integren en el caldo de cocción. Pasado este tiempo añadimos la kale lavada y cortada, la cocemos con el conjunto unos 5-10 minutos, y finalmente añadimos los orejones de albaricoque y dejamos que repose sobre el fuego apagado 5 minutos más, con la olla tapada.

Receta inspirada en Moroccan chickpeas and kale de Splendid Table

5 Comments

  1. Que buenos!!! Los garbanzos me encantan,sean como sean, pero esas especias los tienen que subir de nivel. El kale, a mí sí me gusta, aunque tampoco la voy a endiosar como ha hecho gente. Una berza muy rica, eso sí. Besotes!!!

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  2. Confieso que no he comido kale y que si lo veo no lo echo a la cesta, pero es es porque yo soy rarita con las coles. Las como, si, pero poco porque me dan problemas digestivos. La lombarda me chifla y es la que llevo a la cesta normalmente (pero con precaución).

    Pero mira tú que la receta esata me está haciendo salivar sin remedio y lo mismo pongo un kale en mi vida.

    Bss

    Elena

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  3. De onde has sacao tu esa receta tan rica mi alma??? jajajaja. Joooo que buenisimo ha de estar y yo haciendo la kale como si fuera col normal. Esa mezcla de especias te ha de hacer elevar hasta el olimpo lo menos, aunque confieso que voy a tener que investigar a la susodicha alcaravea que no nos han presentado nunca ni se que color tiene, jijiji.
    Hummmm en el último collage de 9 fotos, la central es la kale? es que en la foto sale con un color liloso que me hizo pensar mas bien en lombarda. Al menos lo que a mi me venden como kale es verde verde
    Besote!!!!!

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